El Estadio Olímpico de Tokio se alza como un ícono del deporte mundial, un escenario donde la historia del atletismo en Japón ha sido escrita y reescrita. Este majestuoso recinto no es solo una estructura de acero y concreto; es un testamento a la perseverancia humana, la búsqueda de la excelencia y el espíritu olímpico, habiendo albergado algunas de las más memorables justas atléticas de la historia. Su doble encarnación, primero para los Juegos de 1964 y luego reconstruido para los de 2020 (celebrados en 2021), lo posiciona como un testigo privilegiado de la evolución de las pruebas de pista y campo.
La primera versión del Estadio Olímpico Nacional de Tokio, conocida como Kokuritsu Kyōgijō, fue el epicentro de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, marcando un hito para Asia al ser la primera vez que la cita olímpica llegaba al continente. Fue en su pista de atletismo donde resonaron los aplausos para leyendas como Peter Snell de Nueva Zelanda, quien dominó las pruebas de 800 y 1500 metros planos, consolidando su estatus como uno de los más grandes mediofondistas de todos los tiempos. En el campo, Al Oerter de Estados Unidos hizo historia en el lanzamiento de disco al ganar su tercera medalla de oro consecutiva, una hazaña que prefiguraría su eventual cuarto oro. Estos momentos no solo forjaron récords de atletismo, sino que también inspiraron a generaciones de atletas japoneses y del mundo, grabando el estadio en la historia del atletismo. La arquitectura de aquel entonces, una obra maestra de su era, se convirtió en un símbolo de la resurgente nación nipona tras la Segunda Guerra Mundial, proyectando al mundo una imagen de progreso y esperanza a través del deporte.
Décadas después, la antorcha olímpica regresaría a Tokio, requiriendo una modernización del coloso. El antiguo estadio fue demolido para dar paso a una nueva y deslumbrante estructura, diseñada para fusionar la tradición japonesa con la innovación contemporánea. El Nuevo Estadio Olímpico de Tokio, con una capacidad para aproximadamente 68,000 espectadores, fue diseñado no solo para impresionar visualmente, sino para ofrecer condiciones óptimas para el atletismo de élite. Su pista azul, fabricada con tecnología avanzada, prometía ser un escenario idóneo para la velocidad y la resistencia.
A pesar del retraso por la pandemia, los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (celebrados en 2021) entregaron un espectáculo atlético sin precedentes en este nuevo estadio. Fue aquí donde se rompieron barreras y se redefinieron los límites humanos.
1. **Karsten Warholm (Noruega):** En la prueba de los 400 metros vallas masculinos, Warholm no solo ganó el oro, sino que destrozó su propio récord mundial con un tiempo de 45.94 segundos, en una de las carreras más electrizantes jamás vistas, donde Rai Benjamin también bajó el antiguo récord mundial.
2. **Sydney McLaughlin (Estados Unidos):** En la versión femenina de los 400 metros vallas, McLaughlin también estableció un nuevo récord mundial con 51.46 segundos, superando a su compatriota Dalilah Muhammad en otra carrera memorable.
3. **Elaine Thompson-Herah (Jamaica):** Consolidó su estatus como la reina de la velocidad al lograr un histórico triplete de oro en los 100m, 200m y el relevo 4x100m femenino, estableciendo además récords olímpicos en ambas pruebas individuales de velocidad, con 10.54s en los 100m y 21.53s en los 200m.
4. **Yulimar Rojas (Venezuela):** En el salto triple femenino, Rojas hizo historia al batir el récord mundial con un impresionante salto de 15.67 metros en su último intento, demostrando una combinación de potencia y técnica insuperable.
5. **Jakob Ingebrigtsen (Noruega):** El joven mediofondista noruego conquistó el oro en los 1500 metros masculinos con un nuevo récord olímpico de 3:28.32, demostrando su dominio táctico y su capacidad de aceleración final.
El Estadio Olímpico de Tokio fue testigo de cómo estos atletas de élite desafiaron lo que se consideraba posible, elevando el listón para las futuras generaciones. Las noches bajo las luces de Tokio, con la banda sonora de los vítores (aunque virtualmente, en gran parte), se convirtieron en el telón de fondo para hazañas que permanecerán grabadas en la memoria colectiva. Desde el fragor de las series de 100 metros hasta la épica batalla de los maratonistas, la energía del atletismo llenó cada rincón del estadio.
Hoy, el Estadio Olímpico de Tokio continúa siendo un lugar central para el deporte, albergando eventos nacionales e internacionales y manteniendo viva la llama del atletismo. Es un legado tangible de cómo la infraestructura deportiva puede inspirar, innovar y ofrecer una plataforma para que los sueños se hagan realidad, reafirmando el papel de Tokio como una capital global del atletismo de alta competencia y un guardián de la historia del atletismo mundial.
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