El Estadio Panathenaic, conocido en griego como Kallimarmaro, no es simplemente una estructura; es una máquina del tiempo que nos transporta directamente a los orígenes del atletismo. Ubicado en el corazón de Atenas, Grecia, este majestuoso recinto es la cuna, el epicentro y el testigo silencioso de innumerables gestas deportivas, especialmente en el ámbito de las justas de atletismo. Su legado se extiende desde la Antigua Grecia hasta la era moderna, marcando hitos que han definido la evolución del deporte.
Originalmente construido alrededor del año 330 a.C. por el arquitecto Licurgo para albergar los Juegos Panatenaicos —una de las celebraciones atléticas y culturales más importantes de la antigüedad griega, en honor a la diosa Atenea—, el estadio poseía una capacidad inicial para unos 50.000 espectadores. En aquellos tiempos, la pista de atletismo no era ovalada como la conocemos hoy, sino un largo y estrecho rectángulo apto para las carreras de velocidad, el pentatlón y otras disciplinas atléticas de la época. Los atletas competían desnudos, buscando la gloria y el reconocimiento, no el lucro. La victoria en estos juegos era un honor inmenso, y los campeones eran celebrados con coronas de olivo y estatuas en su honor. La robusta construcción inicial, aunque modesta en comparación con su forma actual, ya presagiaba su rol inmortal en la historia del atletismo.
Siglos más tarde, en el año 144 d.C., Herodes Ático, un acaudalado benefactor ateniense, emprendió una ambiciosa remodelación que transformaría el estadio en la maravilla arquitectónica que es hoy. Recubrió por completo el recinto con mármol del Monte Pentélico, el mismo material utilizado para el Partenón, dándole su sobrenombre de «Kallimarmaro», que significa «bellamente marmóreo». Esta grandiosa transformación permitió al estadio acoger a más de 60.000 espectadores y cimentó su estatus como uno de los monumentos deportivos más impresionantes del mundo antiguo. Durante este período, fue el escenario de competencias atléticas, combates de gladiadores y diversos espectáculos, aunque su función principal siempre estuvo ligada a las pruebas de velocidad y resistencia, elementos fundamentales del atletismo clásico.
El Estadio Panathenaic experimentó un renacimiento espectacular en 1896, cuando fue elegido como la sede principal para los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna. Su reconstrucción para este evento, financiada por el filántropo Georgios Averof, fue un esfuerzo monumental que recuperó su esplendor de mármol y lo adaptó a las necesidades de las competencias modernas. El 6 de abril de 1896, el estadio fue testigo de la inauguración de estos juegos, un momento histórico que reavivó el espíritu olímpico. Miles de espectadores llenaron sus gradas para presenciar las pruebas de atletismo olímpico que marcarían el comienzo de una nueva era.
Las pruebas de pista y campo, incluyendo las carreras de velocidad, los lanzamientos y los saltos, tuvieron lugar en su icónica pista con forma de herradura. Uno de los momentos más memorables fue la final del maratón olímpico, una carrera que conmemoraba la leyenda de Filípides. El 10 de abril de 1896, el corredor griego Spiridon Louis cruzó la meta en el Estadio Panathenaic en primer lugar, desatando una euforia colectiva y consolidando su lugar como el primer campeón moderno de maratón. Otros atletas olímpicos notables de esos juegos incluyeron a James Connolly, el primer campeón olímpico moderno en salto triple, y Thomas Burke, ganador de los 100 y 400 metros lisos. Aunque los récords olímpicos de la época palidecen en comparación con los actuales, representaron la vanguardia del rendimiento atlético en su momento y establecieron las bases para el desarrollo futuro del deporte.
A lo largo de los años, el Panathenaic ha continuado desempeñando un papel en el deporte, aunque no siempre como sede principal. Durante los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, el estadio sirvió como punto de partida y llegada para las pruebas de tiro con arco, y, de manera más simbólica y emotiva, fue el grandioso final del maratón, emulando la gesta de Spiridon Louis y conectando el presente con el pasado legendario. Ver a los corredores modernos completar su agotador viaje dentro de sus muros de mármrmol, bajo el atronador aplauso de miles, fue un poderoso recordatorio de la continuidad del espíritu deportivo y la importancia de este recinto sagrado para el deporte mundial.
Hoy en día, el Estadio Panathenaic es una de las atracciones turísticas más visitadas de Atenas y un símbolo perdurable del atletismo y la tradición olímpica. Aunque su configuración no se ajusta a los estándares modernos para competiciones de pista y campo de élite, sigue siendo el lugar donde se realiza la ceremonia de entrega de la llama olímpica antes de cada edición de los Juegos. Es un testimonio viviente de la perseverancia humana y la búsqueda de la excelencia, un recordatorio tangible de que los cimientos del atletismo se encuentran en la noble competencia y la aspiración a superar los límites, un legado que ha perdurado por milenios dentro de sus majestuosas paredes de mármol.
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