Pocos países en el mundo pueden presumir de haber albergado una Copa Mundial de la FIFA en dos ocasiones distintas, y México es uno de ellos. Esta distinción, que habla de su profunda pasión futbolística y su capacidad organizativa, inevitablemente lleva a la pregunta sobre cuáles de sus imponentes estadios han tenido el honor de ser el escenario de la máxima gloria: la final del torneo. La respuesta, aunque concisa, encierra una historia de leyenda y un récord mundial único.
La historia de los Mundiales en México se escribe con el nombre de un solo coloso: el Estadio Azteca de la Ciudad de México. Este icónico recinto es el único estadio mexicano, y de hecho, el único en todo el planeta, en haber sido sede de dos finales de Copa del Mundo.
La primera ocasión fue en 1970, durante el Mundial de México, un torneo que muchos consideran la cumbre del «fútbol bonito». El 21 de junio de ese año, el Estadio Azteca fue testigo de la gran final entre la legendaria selección de Brasil, comandada por Pelé, Gérson, Rivelino y Tostão, y la aguerrida Italia. Ante un público extasiado y bajo un sol esplendoroso, Brasil se impuso con una contundente victoria de 4-1, desplegando un fútbol que marcó una era y consolidó al equipo de Zagallo como uno de los mejores de todos los tiempos. La imagen de Pelé levantando el trofeo Jules Rimet por tercera vez, asegurándose así su posesión permanente, quedó grabada para siempre en la memoria de los aficionados y en las entrañas del Azteca.
Apenas 16 años después, el destino futbolístico volvió a sonreír a México al convertirse nuevamente en sede de la Copa del Mundo en 1986. Y, de nuevo, el escenario de la gran final no podía ser otro que el Estadio Azteca. El 29 de junio de 1986, la expectación era máxima para presenciar el duelo entre Argentina, liderada por un Diego Armando Maradona en la cúspide de su carrera, y la poderosa Alemania Federal. Fue un partido vibrante y dramático que se decidió 3-2 a favor de los sudamericanos, coronando a Maradona como un ícono mundial y otorgando a Argentina su segunda Copa del Mundo. Es importante destacar que momentos icónicos como la «Mano de Dios» o el «Gol del Siglo» también se vivieron en este estadio durante el mismo torneo, aunque en instancias previas a la gran final.
Si bien el Estadio Azteca acapara el protagonismo al ser el único recinto que ha albergado las finales, es justo reconocer que otros estadios mexicanos jugaron un papel crucial en ambos Mundiales, albergando partidos de fase de grupos, octavos de final e incluso semifinales. Entre ellos destacan el Estadio Jalisco en Guadalajara, el Estadio Cuauhtémoc en Puebla, el Estadio Universitario en Monterrey, el Estadio Olímpico Universitario en Ciudad de México, el Estadio León en Guanajuato y el Estadio Neza 86 en el Estado de México. Todos ellos contribuyeron a la atmósfera vibrante y al éxito organizativo de los torneos, pero solo el «Coloso de Santa Úrsula» tiene el monumental estatus de bicampeón de finales mundialistas.
La huella que México ha dejado en la historia de los Mundiales es indeleble, y el Estadio Azteca es su más brillante estandarte. Su legado está grabado no solo en sus cimientos, sino en la memoria colectiva del fútbol mundial.










